El duelo por la muerte de la pareja

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La dolorosa realidad de no volverte a ver

La Medicina del Adiós

La muerte de pareja es uno de los acontecimientos más dolorosos en la vida de una persona. La pareja llega a ser una extensión de nuestro ser, de ahí la sensación de que se desgarra el alma al ver partir a ese compañero o compañera de vida.

La muerte no sólo se lleva a la persona que amamos, sino también nuestro proyecto de vida, nuestras ilusiones, deseos y esperanzas.

La palabra duelo proviene del término latino dolus, que significa dolor. Por ello cuando hablamos del duelo nos referimos precisamente a la elaboración del dolor por la pérdida de algo o alguien. El duelo conlleva varias etapas: negación, ira, tristeza y aceptación. Estas etapas se presentan para que la persona logre adaptarse a su nueva realidad.

La primera reacción ante la pérdida es la negación. Frecuentemente la sensación que sucede en la negación es el despertar creyendo que todo ha sido una pesadilla, en donde cada despertar se revive la confusión y el desconsuelo.

Dejar ir a quienes amamos es probablemente la tarea más dura de la pérdida. Por ello los ritos funerarios ofrecen un espacio para despedirse y honrar a quién partió, facilitando el proceso del duelo.Seguido de la negación vamos abriendo paso a la ira. Este profundo enojo con la vida por habernos arrebatado a nuestro amor. La rabia se va entretejiendo con la pena profunda que siente el alma.

Después de años de compartir la vida con alguien puede resultar angustiosa la soledad. Poner orden a la propia vida y refugiarse en las pasiones del alma ayuda: escribir, leer, pasear por la naturaleza, contemplar y estar en esa profunda compañía de nuestra propia presencia para mitigar un poco esa angustia, si llega.

P & B

Si el duelo se desarrolla con normalidad, poco a poco la persona irá aceptando la pérdida y adaptándose a su nueva realidad. Irá reconstruyendo su proyecto de vida y volverá a experimentar esperanza, sonrisas y ganas de vivir.

Es difícil hablar de un periodo de tiempo concreto, pues éste dependerá de muchos factores. Un elemento fundamental será estar al asecho de la culpa, que es en sí misma un enemigo del duelo. Podemos sentir culpa de lo que hicimos, de lo que dijimos y de lo que callamos. Pero existe una culpa peor que puede interrumpir el proceso de duelo: la culpa de estar vivo.

Es importante permitir todos los sentimientos durante el proceso, desahogar la pena, sentir el dolor, expresar la rabia y las emociones que consideramos “negativas”.

Saber que podemos acompañarnos a nosotros mismos en el proceso a través de autocontenernos y de pedir ayuda cuando sea necesario. Cuando sentimos que no podremos más con el dolor mirar hacia lo alto en la confianza plena de que el amor todo lo sana. Que, por más profunda que sea la herida y la huella que ha dejado aquel amor, hay una fuerza sosteniendo cada latido de nuestro corazón.

Hombre joven sentado en una roca junto al mar en la playa de Sanlucar de Barrameda, España

“Si estás pasando en este momento por una situación así, sé paciente contigo mismo y con el dolor de tus hijos (seres queridos). Cuida de tu aspecto físico y de tu salud, no te abandones por más profundo que sea el dolor. Mueve tu cuerpo, haz ejercicio regularmente. Ámate profunda y compasivamente en estos momentos y ama a quienes aún están en tu vida. Que el dolor se transforme en gratitud por los tesoros compartidos.

Escríbele cartas cada vez que necesites expresarte y decirle todo lo que le quieres decir.

Desde aquí, te abrazo con mi corazón…

… Para Ariel

Escucha en este enlace un par de meditaciones dirigidas y creadas por Claudia, para seguir trabajando en el tema.

Con amor, Claudia Sánchez Musi, Mujer Medicina

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