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Cantar para expandir el alma

Cuando era niña las maestras de la escuela me llamaban la atención por dos razones: cantar o maullar en clase. Seguramente lo hacía cuando sentía el impulso.
Mi abuela me enseñó a cantar. Cantábamos siempre que la iba a visitar en vacaciones. Fue mi abuela quien me animó a cantar en público por primera vez en las reuniones con familiares y amistades. Ahí me ponía yo, en el centro de la habitación, muy contenta y orgullosa a cantar “Jacinto de Novio”. “Y se la sabe completa”, decía mi abuela. Todavía recuerdo la letra.

También, en las fiestas que organizaba en casa mi mamá la recuerdo cantando muy contenta, con “su voz de megáfono”, como dice ella. Y nunca faltó una Navidad en la que mi tía Mónica sacara su guitarra y se pusiera a cantar. A ella le debemos el karaoke en casa de mi abuela.

Así pues, crecí alrededor del canto entre las mujeres de mi familia. Aunque, también crecí con la indicación de portarme bien y estar calladita, porque ¿de qué otra forma hubiera podido acompañar a mi mamá a su trabajo?

Con el tiempo, las experiencias propias de la adolescencia me fueron llenando de ideas limitantes en los que fui censurando más y más mi propia voz. Recuerdo que en la universidad me animé una vez a cantar en voz alta, y le debí de haber tocado el nervio a una amiga que  me pidió que “no gritara tanto”. Seguramente no tenía nada que ver conmigo, pero se me apachurró el corazón. En el fondo, la voz de mi sombra me susurró al oído “lo ves, te dije que es mejor estar calladita”.

Empecé a cantar de nuevo sin inhibiciones cuando viví sola. Si cantaba en público y alguien me decía que tenía que hacerlo más seguido y que, incluso, podía hacerlo ya “más en serio”, siempre sacaba la excusa de que mi voz era muy bajita, y no sabía sacar el aire con fuerza. Que para eso iba a necesitar clases.

Y así pasaron los años. Nunca dejé de cantar, pero siempre me auto censuré y limité. Pero, estos días he estado cantando mucho, no sólo eso, he estado compartiendo el canto. Primero con mucha pena, luego más desenvuelta. Al principio pensando en qué dirían los vecinos cuando hago mis ejercicios de vocalización, gimiendo y gruñiendo, ahora sin temor al qué dirán (aunque por respeto los hago a una hora decente).

Escribo esto a un par de semanas de culminar el intensivo de Voces Curanderas, de Alexandra Ostos (a quien puedes encontrar en Instagram). Qué viaje tan increíble ha sido. Se han movido un montón de cosas a raíz de trabajar con mi voz y el canto. He vuelto a reconocer esta parte de mí que amo y gozo. He vuelto a descubrir esta parte de mi voz interior, que desea salir y ser compartida. Incluso estoy teniendo sueños muy interesantes. Sé que cada vez está más cerca mi sueño de cantar en un escenario, con un vestido rojo y el cabello suelto.

El cuerpo resuena, vibra, habla y se expresa a través del canto. El alma se expande. Así, cuando canto, canto para expandir mi alma. El canto une, mueve, conecta y hace magia, y también nos puede transportar a otros mundos y estados de consciencia.

¿Tú, qué vives en ti cuando cantas y compartes tu canto?

Con amor, Mónica Elena Cárdenas Mejía, La Moccata

lamoccata@gmail.com

Sanadora, quijotesca y empática. Después de toparme con mi propia oscuridad, inicié una búsqueda personal para encontrar el camino de vuelta a mí misma. Mi feminidad fue herida cuando era muy pequeña, y por años viví peleada con ella. Cólicos, infecciones y malestar en general acompañaban mi fase menstrual. La sangre me daba asco. Vestirme de rosa o faldas largas era impensable. Decir “te amo”, olvídalo. Me costaba trabajo compartirme, ser vulnerable, ¡sentir! Pero el camino me dio una gran bofetada y lección de humildad. Desde entonces, mi pasión es compartir con amor y compasión mi experiencia y diversas herramientas, para acompañar a otros en sus propios caminos de búsqueda y sanación. Cofundadora de www.mujeresmedicina.com. Comunicóloga y escritora, Moon Mother® N3 y Moon Mother Mentor® certificada por Miranda Gray, narradora de cuentos, guía de círculos de mujeres y asesora menstrual en sesiones individuales, grupales y retiros. Mi sueño es inspirar a otros por medio de la creatividad.

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