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Iniciar la escuela con límites

Iniciar la escuela con límites

De la columna “Bienvenidas/os a mi mundo”

Hola nuevamente a todas y gracias por estar de ese lado, leyendo y recibiendo con tanto afecto y empatía mi historia. Como lo mencioné la semana anterior, creo que eso es lo que más importa y lo que nos hace humanos, lo que nos vincula.
Como les venía contando, mi madre en mis primeros años tuvo muchos desafíos, como el resto de su vida y la mía, por supuesto. Pero en un principio fueron sobre todo médicos.
En mis primeros meses tuve internaciones largas y graves, y como digo siempre, de todas he salido y seguramente por algo el universo me está dejando seguir. No sé si por karma o misión, aún no lo descubro, y en el mientras tanto les seguiré relatando.
Cuando tuve mi primera visita a un médico oftalmólogo, éste aseguró que quedaría ciega, lo cual no sucedió, pero mi familia no se quedó jamás con la primera opinión y buscó por otro lado. Fue entonces que un buen médico me derivó a uno de los mejores aquí en Argentina y me trató, y aseguró que con una operación en unos años recuperaría la visión de mi ojo derecho, el cual era totalmente ciego por las cataratas. Del izquierdo sería necesario un trasplante de cornea, pero esto debe ser cuando el ojo madura y es más complejo.
Al mismo tiempo, si bien hablaba muchísimo, como hoy, mi movilidad estaba en dificultades, o eso entendí. Perdón por la poca exactitud, pero por lo que recuerdo me llevaban a estimulación temprana para fortalecerme y empecé el jardín de niños a mis 4 años y no a mis 3.
Por lo que me han contado, siempre fui muy despierta y obediente. De hecho, asegura mi mamá que cuando me explicó que debía ir al baño sola, lo hice sin dramas… Me encantaría que me explique cómo hizo para hacer una nota sobre ello, ya que muchos padres tienen inmensos problemas con ello.
Volvamos a mis primeros años y la línea de tiempo. Bueno, estaba en el jardín de niños, o de infantes como se conoce en Argentina. En esos tiempos, no había ninguna ley que dijera que las escuelas tenían la obligación de admitir a niños con discapacidad; por tanto, no me enviaron al colegio que deseaban, sino al que me admitió.
Ironías de la vida, mi mamá quería que fuera a su colegio, al que fueron todas las mujeres de la familia como lo hicieron con los varones en otro, pero no se pudo. Y digo ironía porque en mi adolescencia conocí a mi hermana de la vida, que justo fue en su jardín y primeros años a ese mismo colegio… Por cierto, ¿les conté que no tengo hermanos? Bueno, ese es otro punto.
La escuela en los años de jardín no fue difícil, no recuerdo nada traumático, nada feo, yo creo que en esos años, siendo tan pequeños, ningún niño es tan consciente o tan cruel como cuando empieza a crecer. No obstante, no es culpa de ellos, traen mucho bagaje y preconceptos de casa.
En la primaria fue otra historia, allí todo se complicó y se hizo muy difícil. Muy triste para todos. Por lo mismo les comento que, aunque haya una ley que asegure la inclusión de un niño en una escuela, esto no siempre es real. Si lo aceptan y no lo incluyen, no sirve, no es el lugar para él o ella. No soy quien para aconsejarles, pero por haberlo vivido sí les sugiero que denuncien, pero no lo retengan allí. Busquen un sitio en el que se sienta en casa y feliz. Con mi vivencia y la de mi madre, nos dimos cuenta que hay lugares con personas maravillosas. Sucede que a veces el miedo a que todo sea peor paraliza y por eso no se toma la decisión de buscar otro sitio acorde.
No sé cómo sea en otros países, pero acá en Argetina cuando un pequeño con discapacidad ingresa a un colegio, el Ministerio de Educación demanda integrarlo a una escuela especializada en esa discapacidad. Por lo que desde mis 6 a mis 12 años iba a mi escuela todos los días y 2 veces a la semana a esta escuela especial, para estimulación visual y otras áreas que con el tiempo me ayudaron a valerme en muchas cosas sola.
Creo que me extendí mucho, ¿no? La próxima semana les escribo para contarles en profundidad mi etapa escolar y espero sus comentarios, dudas y lo que quieran.
Con sólo ayudar a uno o una de ustedes en estas columnas, me doy por satisfecha.

Abrazos miles, Jime Pinedo. Miembro del equipo de Mujeres Medicina

pinedo.jimenap@gmail.com

Soy una mujer argentina, dedicada a la planificación en comunicaciones y por ello planifico comunicarme con ustedes, crear un lazo y generar empatía entre todas las personas. Durante los últimos años de mi vida, me dediqué a informar y comunicar en redes, para empresas, redactando para el mundo y dando mi voz para llevar la realidad de mi país a otros lugares. Hoy con ustedes voy a poner mi alma en contar mi historia, y acompañar a todo aquel que necesite de ello, o que simplemente quiera saber como es la vida con una discapacidad, sin transformarla en un límite

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