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La casa que habita en el interior de mi bosque

Hace poco más de una década descubrí que había estado recorriendo un camino hacia un objetivo en particular, y cuando llegó el momento de tomar una acción definitiva hacia esa meta entendí que se trataba de un sueño que ya no deseaba cumplir. Me sentí muy perdida. Me dio la impresión de haber estado corriendo en círculos en un rincón del bosque de mi mente para darme cuenta de pronto de que esa zona ya no me pertenecía, era apenas una vieja extensión de mí que tenía que desprenderse para que yo cambiara de rumbo. Como cuando se pierde una brújula, no tenía idea de hacia dónde debía dar mi próximo paso. Me mantuve a la deriva por un par de años hasta que la vida me llevó a empezar de cero, una vez más, en una ciudad distinta y de la mano de mi pareja. Me tocaba escudriñar en el bosque de mi interior para emprender el camino de regreso a casa, a mí misma.

Me gusta visualizar esa parte de mi psique donde albergan mi alma y mi ego en comunión como una pequeña casa de estilo inglés de color rojo. La veo con su techo en forma de triángulo, con los marcos de las ventanas blancos y una pequeña chimenea de la que emana una columna de humo pálido que huele a incienso, flores quemadas y copal; a veces la imagino en un prado abierto y luminoso, mientras que en otras circunstancias pareciera sumergirse en un bosque de tupidas ramas; en ocasiones parece darme la bienvenida con la puerta abierta, y de pronto se me figura como la casa de la vieja bruja del cuento ruso de Vasalisa, la cabaña de la Baba Yagá que se sostiene sobre unas patas de gallina que danzan en círculos y en cuya puerta espera una anciana con un acertijo.

En un principio no alcanzaba a ver el ecléctico interior de esta casa, pero en los últimos años he logrado acceso a ciertos rincones: una enorme carpa roja con su altar en el centro, una salita de ventanales con un columpio de mimbre, algunos muebles de madera y decoraciones mexicanas y un jardín japonés. Esta es la casa de mi bosque a la que cada cierto tiempo necesito volver para reencontrarme con una parte de mí, a veces conocida y otras por conocer. Aquella vez que perdí la brújula me costó mucho trabajo encontrar el camino de regreso a este lugar, y cuando por fin me topé con él para sumergirme en sus adentros y cerrar la puerta detrás de mí me llevó algo de tiempo animarme a salir de nuevo al exterior.

Mis viajes recurrentes a esta casa, a la naturaleza salvaje e intrínseca de mi ser, me han llevado a importantes descubrimientos y decisiones en mi vida partiendo de la raíz detrás de la meta original: compartir desde la creatividad, y que ese compartir sirva para el bien común. Producto de ello han sido los proyectos que he emprendido, mi camino como terapeuta Moon Mother, los retiros y círculos de mujeres, los cuentos narrados a la luz de la fogata de un aquelarre, mi creatividad y estrategia metódica para trabajar, mi medicina.

El impacto que mi trabajo ha tenido en mí misma y en otras personas me motiva cada día a seguir adelante, buscando siempre la manera de seguir llegando cada vez a más rincones. Lo veo en la mujer que soy ahora (y en la que me sigo convirtiendo) y lo veo en las personas que acuden al llamado y desean ser acompañadas en sus procesos personales. Muy en particular, lo veo en mis relaciones con el otro y los otros, pues son estas sinergias de uno a uno en las que siento que  existe una mayor posibilidad de tener una conexión más auténtica y profunda. Llevo años trabajando en sanar y construir relaciones significativas dentro y fuera de la familia.

Y pese a todo, la casa que habita en el interior del bosque me llama a la distancia de vez en cuando, pues es ella quien me muestra las herramientas a través de las cuales tejo mi legado. Quizá nunca cesa de susurrarme al oído que vaya a su encuentro. Más allá de mi trabajo y las relaciones, en el mundo exterior me topo con ella de pronto en los momentos más sencillos o cotidianos de la vida: cuando bebo mi té acompañada de un buen libro, en mis caminatas al aire libre, en esos instantes de meditación, al rozar el pasto con los pies descalzos, coloreando pequeños mandalas, escuchando la música que disfruto, viendo una película o serie que me conmueva, arropada en los brazos de mi compañero antes de salir de cama por las mañanas… y, por supuesto, en esos instantes de inspiración en los que surge la magia de crear por el simple gusto de darle vida externa a lo que se gesta desde el interior.

Esté donde esté, la casa roja con sus marcos blancos me irá mostrando con el tiempo nuevas habitaciones. ¿A qué aspectos de “mi yo profundo y salvaje” tendré acceso entonces? No lo sé, pero sin duda la casa continuará convocándome cada que sea necesario, en aquel lugar donde mi alma y mi ego comulgan juntos, como dos viejos cómplices amigos que esperan pacientemente a que me una con ellos al té de la tarde.

lamoccata@gmail.com

Sanadora, quijotesca y empática. Después de toparme con mi propia oscuridad, inicié una búsqueda personal para encontrar el camino de vuelta a mí misma. Mi feminidad fue herida cuando era muy pequeña, y por años viví peleada con ella. Cólicos, infecciones y malestar en general acompañaban mi fase menstrual. La sangre me daba asco. Vestirme de rosa o faldas largas era impensable. Decir “te amo”, olvídalo. Me costaba trabajo compartirme, ser vulnerable, ¡sentir! Pero el camino me dio una gran bofetada y lección de humildad. Desde entonces, mi pasión es compartir con amor y compasión mi experiencia y diversas herramientas, para acompañar a otros en sus propios caminos de búsqueda y sanación. Cofundadora de www.mujeresmedicina.com. Comunicóloga y escritora, Moon Mother® N3 y Moon Mother Mentor® certificada por Miranda Gray, narradora de cuentos, guía de círculos de mujeres y asesora menstrual en sesiones individuales, grupales y retiros. Mi sueño es inspirar a otros por medio de la creatividad.

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