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La mujer en esta era: ¿Cuál es nuestro papel?

¿Qué desea realmente una mujer? Es una pregunta muy antigua, un acertijo espiritual acerca de la naturaleza salvaje y misteriosa que poseen todas las mujeres. Una de las respuestas más acertadas a esta pregunta es que las mujeres desean ejercer soberanía sobre su propia vida, lo cual es un hecho indiscutible. 

-Clarissa Pinkola Estés

Las mujeres en esta era necesitamos perdonar a los hombres de nuestro linaje, a nuestros hermanos, a nuestros padres, a los padres de nuestros padres. Ellos no son los únicos “responsables” de lo que llamamos “era patriarcal”, todos lo somos.

Me encuentro muy seguido con la falta de entendimiento hacia el feminismo, y tal vez es debido a que pese a su definición, cada quien tiene su propia experiencia o idea en cuanto a lo que “realmente es”. Para mí es un llamado a la unión, a encontrar el equilibrio entre lo femenino y lo masculino en los hechos que vivimos todos como colectivo. La balanza ha estado por mucho tiempo hacia un lado no sano del masculino (¡Ojo! Hombres y mujeres tenemos de alguna forma u otra una introyección de lo femenino y lo masculino) y el feminismo ha sido el pretexto para que las mujeres despertemos hacia una misión en común.

Sin la capacidad de perdonar no podemos trascender. Si deseamos ver un cambio en el mundo desde esta unión entre mujeres (sin radicalismo), necesitamos dejar de hacer responsables a todos los hombres por el dolor que algunos han causado. Nos toca “mostrar el camino”, educar, buscar el cambio desde la educación consciente y clara, y por esto no me refiero a que te quedes callada, no me refiero a que invalides tu sentir, no significa que te conformes o que desde la complacencia permitas que alguien pase encima de ti. Me refiero a que tomes la fuerza suficiente para decir un “NO” firme y claro, a que la próxima vez que veas a un adolescente iniciando con algún patrón de violencia (sexual o no sexual) le hagas saber que no está bien o que te sientes agredida, o que la próxima vez que un hombre te haga sentir incómoda con sus palabras en la calle tengas la fuerza y el corazón suficiente (por ti misma y por él) para decirle de frente “¿Sabes que me haces sentir ofendida? Me molesta, ¿sabes que no es agradable?”.

Obviamente no estoy hablando de casos extremos, donde ni existe la posibilidad de decir nada, pero creo que en lo cotidiano, día a día, todos y todas podemos encontrar la forma de mostrar el camino desde una revolución amorosa de límites firmes, sin condenar ni condenarnos a nosotras mismas.

Ser feminista no es odiar a los hombres, es buscar transformar este sistema de raíz, encontrar un balance, levantar la voz y ser tomada en cuenta; es observar con claridad que el mundo seguirá pudriéndose en guerra, hambre y violencia si no hacemos algo nosotras también, desde la fuerza de nuestro corazón, ejerciendo la soberanía de nuestra propia vida desde la mujer salvaje sana que también nos habita.

Con amor,

Ofelia G. Bojórquez

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