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La odisea llamada escuela

La odisea llamada “escuela”

¿Cómo están, esta semana? Por acá muy bien, feliz con su interacción y sus palabras en las redes sociales, ya que puedo confirmar que a ustedes les sirve y en algún caso puede que sea útil.

Saben, recién esta semana comencé a compartir con mis allegados esta columna. De algún modo ridículo, me daba vergüenza el que vean expuesta mi historia, y como ven, ahí entendí que yo también estoy haciendo un proceso con ella. Realmente, las devoluciones fueron maravillosas y me dijeron que lo haga con orgullo. Y así lo haré.

Sucede que, como todo en la vida, es un trabajo, un aprendizaje; y como todos, esa mujer segura de la que les vengo hablando tiene también mucho por delante.

Siguiendo con mi relato de la semana anterior, y como lo titulé en esta oportunidad, efectivamente la escuela fue una odisea. Para empezar, desde mi primer grado en adelante y hasta hoy, no podía copiar del pizarrón como los otros niños, veía muy poco y por eso, la maestra que me asistía en la escuela 2 veces a la semana me dejaba todas mis tareas en letras enormes y cuadernos con las rallas o cuadros que eran enormes también. Si los vieran.

¿Cómo explicarles? Por ejemplo, mis letras llevaban 2 o 3 renglones de los regulares, y los renglones y cuadros de mis cuadernos de matemática eran como si se trazaran con marcador negro. Sí, como se dice en Argentina, no veía nada. Pero, para mi era natural, no conocía otra cosa.

Luego, en mi clase de educación física, bueno no hacía nada, lo cual era lógico por mis problemas de corazón y pulmón, sólo me aprobaban o mandaban a realizar trabajos prácticos sobre el deporte que me indicaba el profesor. No obstante, les confieso que en ese entonces era como sacar la lotería para mí, porque odiaba esa clase.

Seguramente se preguntarán cómo era mi relación con los niños y maestros… ay ay ay, allí esta todo el embrollo. Con los maestros fue una relación compleja en mi etapa de primaria. Todos los años teníamos que explicar mi madre y yo a la maestra los problemas. Explicar que no veía de lejos, que me asistiría una maestra 2 veces a la semana, etc, etc, etc. No obstante, el peor momento fue en mi quinto grado, ya que la maestra de ese momento era una mujer mayor, que no quería que la persona que me asistía estuviera en clase, que decía que una niña como yo no podía ir a una escuela normal. Fue una pesadilla diaria, de discusiones y sufrimiento, en el aula para mí, y en la dirección de la escuela para mi mamá. Pero lo sobrevivimos, como cosas peores claro.

En mi tercer grado, me operaron el ojo derecho que estaba ciego, por lo que con meses de estimulación cambié mucho mi visión, mi letra era distinta, tenia una lámpara de escritorio en mi pupitre de casa y de la escuela; otro tema, porque en la escuela no querían permitirme que la tuviera. No hay manera, la gente no entiende. Para estudiar, mi mamá me leía o tenía los audiolibros. Y cuando no había audiolibros, esa super mujer me los grababa para que los escuchara.

La verdad y mostrando un poco mi ego, nunca tuve problema con mi aprendizaje o calificaciones, incluso siempre llevé la bandera y hasta fui premiada como uno de los mejores promedios de la ciudad, pero también debo admitir que mis padres y sobre todo mi mamá fueron siempre muy exigentes en lo académico conmigo y yo lo adquirí, lo sigo siendo. Esto último lo agradezco muchísimo, porque me hace ser la persona independiente y “autosuficiente” que soy, y lo dejo en comillas, porque nadie lo es del todo. No podemos todo, siempre necesitamos del otro.

En cuanto a mis compañeros, vaya que lo padecí, los niños son muy crueles, mi madre hablaba con los padres, yo con la maestra que tocara, pero como dije en la oportunidad anterior, ellos tienen su bagaje; los niños no aprenden de lo que les dicen, sino de lo que ven, de lo que escuchan e imitan. Así que mucho cuidado con lo que muestran a los pequeños, intenten enseñar que la diferencia no es mala y a que sean pequeños humanos y grandes personas con empatía. Puede que un día les toque estar del lado opuesto.

Como todo cuento, tiene su final feliz, ya que por temas edilicios mi escuela pidió aulas a otro colegio cercano, de modo que yo iba con mis antiguos compañeros pero en un nuevo edificio y nuevos profesores. Esto fue al iniciar la secundaria. Fue entonces que se abrió el cielo. Allí encontré a personas maravillosas, ya no había profesores ofuscados, directivos tercos o impedimentos. De hecho cuando mis compañeros volvieron al viejo edificio, yo me quedé en el nuevo colegio, hasta hoy mi casa; y es que conocí a mis primeros amores (mis amigas y hermana del alma), profesores que se convirtieron en amigos, y luego de casi 20 años lo visito y me saludan y me tratan con el mismo cariño de esos días.

Ese lugar fue toda una aventura, mi felicidad entera y también mi refugio cuando abrí los ojos a la pesadilla que tenía en casa. De veras que recuerdo mi colegio y se me dibuja una sonrisa, fui muy muy feliz, y para ser honesta era como mi parque de diversiones, me dejaban hacer muchas cosas impensadas, jaja. En la próxima les contaré.

Por hoy quiero que se queden con esto de encontrar el sitio correcto, en el que te acepten y valoren, sólo así lograrás hacerlo tú y no creerte que mereces menos.

En la próxima salida les contaré de la aventura de mi secundaría, la oscuridad en casa y el paso por la universidad, iniciando mi vida adulta y encontrándome con la mujer con discapacidad.

Les mando mil abrazos y agradezco a cada persona que se detenga a leer estas líneas.

Jime Pinedo, miembro del equipo de Mujeres Medicina.

pinedo.jimenap@gmail.com

Soy una mujer argentina, dedicada a la planificación en comunicaciones y por ello planifico comunicarme con ustedes, crear un lazo y generar empatía entre todas las personas. Durante los últimos años de mi vida, me dediqué a informar y comunicar en redes, para empresas, redactando para el mundo y dando mi voz para llevar la realidad de mi país a otros lugares. Hoy con ustedes voy a poner mi alma en contar mi historia, y acompañar a todo aquel que necesite de ello, o que simplemente quiera saber como es la vida con una discapacidad, sin transformarla en un límite

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