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Llenar la vida de vida

“¿Por qué cuesta tanto llenar la vida de vida?”, plantea Edith Eger, en su libro «La bailarina de Auschwitz».

Es fácil volver a la monotonía. La rutina y obligaciones nos dan seguridad y un cierto tinte de “normalidad”. Preferimos distraernos con las ocupaciones y actividades cotidianas que hacer el trabajo de estar en silencio, observándonos, escuchándonos, descubriéndonos, reconociendo nuestras necesidades, anhelos, resistencias y luchas personales.

Nos llenamos de horas extras, nos paramos de la cama a “hacer algo” si no podemos dormir, ponemos “ruido” sobre nuestro propio ruido mental para ignorar los pensamientos recurrentes. Y así, en modo automático, restamos sazón al día a día.

¿Has visto cómo las personas hipertensas eliminan la sal de su dieta? La van restando poco a poco, cada cierto tiempo, hasta que eventualmente se acostumbran a la insipidez. Ocurre igual con nuestras experiencias diarias. La monotonía puede llevarnos al tedio y a la falta de presencia, hasta acostumbrarnos a la ausencia de plenitud.

Y de pronto, aminoramos la risa espontánea, las miradas cómplices y los guiños, y aumentamos los rostros inexpresivos. Abreviamos los abrazos y el compartir, y sumamos palabras vacías. Reducimos el espacio entre cada inhalación, y añadimos angustia.

¿Qué implica, entonces, llenar la vida de vida? La presencia en la acción, la atención en lo percibido. Tanto en el gozo como en el dolor, en la alegría y en el sufrimiento, llenar la vida de vida es abrirnos a sentirla y experimentarla, con nuestro cuerpo físico y el sutil. Es oler el café, acariciar la lengua de un gato, amasar con las manos, cortarse con una hoja de papel, tener un orgasmo. Es llorar con una película, sobarse la panza cuando duele de tanto reír, dar un abrazo largo y pausado. Es estar, estar de verdad.

Tú, ¿cómo llenas tu vida de vida?


Con amor, Mónica Elena Cárdenas Mejía, La Moccata

lamoccata@gmail.com

Sanadora, quijotesca y empática. Después de toparme con mi propia oscuridad, inicié una búsqueda personal para encontrar el camino de vuelta a mí misma. Mi feminidad fue herida cuando era muy pequeña, y por años viví peleada con ella. Cólicos, infecciones y malestar en general acompañaban mi fase menstrual. La sangre me daba asco. Vestirme de rosa o faldas largas era impensable. Decir “te amo”, olvídalo. Me costaba trabajo compartirme, ser vulnerable, ¡sentir! Pero el camino me dio una gran bofetada y lección de humildad. Desde entonces, mi pasión es compartir con amor y compasión mi experiencia y diversas herramientas, para acompañar a otros en sus propios caminos de búsqueda y sanación. Cofundadora de www.mujeresmedicina.com. Comunicóloga y escritora, Moon Mother® N3 y Moon Mother Mentor® certificada por Miranda Gray, narradora de cuentos, guía de círculos de mujeres y asesora menstrual en sesiones individuales, grupales y retiros. Mi sueño es inspirar a otros por medio de la creatividad.

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