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Perder el camino de vuelta a casa

¿Te has perdido en el bosque alguna vez? ¿O caminando de vuelta a casa? ¿Reconoces esa sensación de no saber qué rumbo tomar para sentirte segura? No es muy agradable, surgen todo tipo de pensamientos y emociones: confusión, angustia, molestia, miedo y hasta ira. Sabes que necesitas volver pero no tienes ni idea de qué camino tomar. El tiempo sigue avanzando y tú te encuentras ahí, recorriendo varios senderos, dando vueltas, desesperándote. Creo que así se siente cuando pierdes el rumbo en la vida y no sabes hacia dónde ir.

Creo que es normal que nos pase, que de pronto veamos el punto en el que nos encontramos y no tengamos muy claro cómo llegamos ahí ni cuál es el próximo paso, lo único que sabemos es que no estamos en el lugar correcto para nosotros. Hay algo que hace falta pero no sabemos describir, un anhelo, un ‘no sé qué’ que podría ser la diferencia entre sentirnos estancados o sentirnos plenos.

Más que perdernos en un espacio físico y tangible, estamos perdidos en el bosque de nuestra psique, la brújula interior no puede indicarnos el norte y, aunque lo haga, tampoco sabemos muy bien a dónde queremos llegar. Podríamos seguir caminando para siempre en línea recta, subirnos al tren y no saber nunca qué estaciones queremos visitar.

Quizá hemos olvidado qué es lo que ‘anhela nuestro yo profundo’, cuál es nuestro propósito, o quizá nunca lo hemos tenido muy claro y sentimos que ya es tiempo de descubrirlo o de hacer algo al respecto.

Hace unos años me extravié en el camino. Había perdido la inspiración y la motivación y no sabía cómo o por dónde volver a empezar. Así que divagué por unos años en un cómodo letargo: ir al trabajo, cobrar mi salario, convivir con mis seres queridos, dormir, reiniciar al día siguiente. ¡Y eso hubiera podido ser perfecto! Salvo que quería más, había una cierta nostalgia por encontrar un objetivo más grande y trazar el camino hacia él. Necesitaba redescubrir cuál era mi propósito. Y el propósito es algo que nace de adentro, es algo que eres y haces para sentirte pleno y que va más allá de cualquier profesión, estado civil, edad o lugar de residencia.

Adentrarse al bosque

¿Qué es lo que hice? Me puse a escrudiñar en mi bosque interior, tuve que aprender a familiarizarme con él. Empecé a recorrer sus senderos, a estudiar sus árboles y los animales que lo habitan, ¿cómo era el bosque de día?, ¿cómo era de noche?  Y así, un día me di cuenta de que en realidad ¡el bosque era mi casa! ¡Caray! ¡Yo que había estado tratando de encontrarla afuera, en mil actividades y proyectos!, cuando todo este tiempo el hogar estaba adentro. En algún lugar leí algo por el estilo:

A donde yo vaya mi hogar va conmigo

Puedo entrar y salir del bosque las veces que quiera, y si alguna vez me siento perdida, basta con seguir el camino de migajas de vuelta al interior.

Todavía estoy estudiando mi bosque y ha sido un proceso largo, intenso y confrontante.  Primero, entender que yo soy mi propio mundo, y que todo lo que existe afuera son simplemente posibilidades, medios a través de los cuales puedo vivir mi propósito, que es: compartir a raíz de vivir una vida creativa, y que ese compartir sirva para el bien común. ¡Y puedo ser creativa de muchas maneras! En mi día a día y en mi profesión.

Y aquí está el secreto (retumbe de tambores, por favor): para recorrer mi bosque tuve que buscar la señal de WiFi que me mostrara un mapa con posibles opciones. En otras palabras, ¡pedí ayuda! Así, me reconocí abierta y vulnerable y recurrí a otras personas que estaban en la misma situación o que ya estaban despertando de su letargo y transitando el camino de vuelta a casa. Y a través de sus historias de vida y de mi propia investigación me puse a leer libros, a compartir experiencias en círculo, a participar en retiros, a viajar.

Hice Vipassana, me alinearon los chakras, acudí al Thetahealing y a las flores de Bach, me introduje en el mundo del ‘Moon Motherismo’. No me rapé el cabello ni me fui a vivir a una comuna hippie, pero sí pasé por una introducción de distintas herramientas que pudieran acompañarme en mi recorrido. Fui (y soy) acompañada de muchas, muchísimas maneras. Hoy en día tengo acompañamiento profesional.

Y entonces, ¿ahora qué? ¿Para qué te solté todo esta historia o con qué te puedes quedar? Pues con lo que tú quieras. Mi intención fue compartirte que es normal perderse en el bosque, y que si te encuentras en ese momento en tu vida ¡no pasa nada! Perderse también puede ser lo mejor que te pase, porque te da la oportunidad de recorrer muchos caminos y ganar experiencia. Escribió Lao-Tse:

Quien conoce a los otros es sabio. Quien se conoce a sí mismo es iluminado.

Yo no me siento iluminada, ni sé si alguna vez lo estaré, pero definitivamente ya llevo rato trabajando en conocerme a mí misma. Así que aventúrate por tu bosque, pero date opciones. Investiga distintas herramientas y ve cuáles resuenan contigo, pide ayuda, comparte con otras personas, busca con qué te sientes cómodo y con qué no, y si eso implica salir de tu zona de confort ¡pues adelante! Sólo ojo, no hagas de las herramientas el objetivo, sólo el medio, que luego te puedes pasar la vida brincando de rama en rama sin pisar nunca tierra firme… y a final de cuentas, podemos vivir en las copas de los árboles pero en algún momento necesitamos enraizarnos.

Otra cosa, pedir ayuda no significa que la gente va a hacer tu trabajo por ti, sólo tú puedes recorrer tu propio bosque, quienes te acompañen en el camino pueden ‘darte un norte’ al compartirte su experiencia, pero sólo tú puedes trazar el camino de vuelta a casa.

Si tienes dudas de cómo empezar puedes checar nuestra sección de terapias, ahí encontrarás mujeres con distintas herramientas que pueden acompañarte, investiga cuáles van contigo. Y para terminar con otra imagen y metáfora, que si has llegado a esta parte de la lectura (gracias, por cierto) ya viste que soy fan de usarlas: es hora de ‘arremangarse la blusa/camisa’ y ponerse manos a la obra, que recorrer el bosque puede ensuciarte la ropa, pero ¡ah cómo vale la pena!

lamoccata@gmail.com

Sanadora, quijotesca y empática. Después de toparme con mi propia oscuridad, inicié una búsqueda personal para encontrar el camino de vuelta a mí misma. Mi feminidad fue herida cuando era muy pequeña, y por años viví peleada con ella. Cólicos, infecciones y malestar en general acompañaban mi fase menstrual. La sangre me daba asco. Vestirme de rosa o faldas largas era impensable. Decir “te amo”, olvídalo. Me costaba trabajo compartirme, ser vulnerable, ¡sentir! Pero el camino me dio una gran bofetada y lección de humildad. Desde entonces, mi pasión es compartir con amor y compasión mi experiencia y diversas herramientas, para acompañar a otros en sus propios caminos de búsqueda y sanación. Cofundadora de www.mujeresmedicina.com. Comunicóloga y escritora, Moon Mother® N3 y Moon Mother Mentor® certificada por Miranda Gray, narradora de cuentos, guía de círculos de mujeres y asesora menstrual en sesiones individuales, grupales y retiros. Mi sueño es inspirar a otros por medio de la creatividad.

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