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¿Quién es la mujer medicina y cómo reconocerla en nosotras?

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Puedes reconocerla cada vez que enciendes una vela, cuando sientes correr magia por tus venas o por tu mente; cada vez que te sientes profundamente tocada por lo que tiene vida, aunque apenas logres percibirlo. Más sencillo aún, cada vez que te reconoces frente a todo aquello que tiene alma. La mujer medicina es esa parte de ti que es sensible a la existencia y que tiene la capacidad de tener una relación profunda y verdadera con la vida misma, como si fuera otra persona amada, desconocida o incluso ella misma.

Ahora, para hablar de la “Mujer Medicina” es imprescindible mencionar a la “Mujer Salvaje”. Cuando escuchamos la palabra “mujer” acompañada de palabras como “salvaje” o “medicina” hay un cierto estremecimiento en el interior de la psique,  y tiene que ver con esta parte de nosotras que busca encontrarnos, que busca recordar quiénes somos y de dónde venimos.

La “Mujer Medicina” viene de la unificación de la “Mujer Salvaje Sana” y su propósito de ser; procede de la integración de la sombra, de haber escuchado el llamado a la reconexión con las partes más profundas del ser, y de permitir que la valentía de la “Mujer Salvaje” rompa las cadenas de incertidumbre del interior, logrando sumergirse en todo aquello conocido y desconocido que duele, que ata, que ciega o que nubla.

Es necesario entrar a la parte más salvaje y primaria del ser, permitiendo no ser una extraña ante una misma, creando un lazo fuerte con esa voz que siempre sabe, que nos guía, que no huye de sí misma, que se permite verse con el temple con el que una abuela sana ve a su nieta recién nacida; comprendiendo mas allá de las palabras y sintiendo la crucial importancia del lenguaje del universo que nos habla constantemente a través de todo, aunque en este plano pareciera no tener mucho sentido.

En palabras secas, para que una mujer sea capaz de reconocer su propia medicina, debe haber librado una gran batalla, trascendido dentro de ella misma a las corporaciones, culturas, ideales, patrones, miedos, relaciones de todo tipo, hasta la propia creencia del ser. Tendría que haberse enfrentado a sí misma, desnudándose por completo, adentrado a conocerse con o sin miedo a la incertidumbre de su ser, para encontrarse con lo que realmente es. Finalmente, y después de ese mujer, la mujer debe decidir hacerse responsable de su propio empoderamiento, y entonces parirse a sí misma, dándose a luz desde sus raíces, reconociendo quién es, sanando y reestructurando su propio poder creativo y de existencia.

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Para que la mujer medicina florezca debe haberse sanado a sí misma de la civilización, del “deber ser” y de todo aquello que la aleje de ser su más bello y majestuoso poder sanador, de simplemente existir en unidad con presencia y consciencia. Ello no solo la sana a ella, sana sus relaciones y las de quienes le rodean, aquellas relaciones que nos permiten permanecer conscientes de nuestra unidad con el todo y lo que ello conlleva.

El mundo necesita a la “Mujer Medicina” despierta y consciente de su sagrado femenino y masculino, de su gran misterio, de la divinidad que nos sostiene, de su indispensable conexión con los elementos, con el micro y macro cosmos. Ella es la heredera del linaje femenino y la sabiduría ancestral, es la que escucha y habla el lenguaje de la Tierra y el alma, es quien entiende del equilibrio entre el amor y la fuerza para traer de nuevo paz a ella.

Cuando te topes con ella, solo observa sin cuestionar. No necesita ser una mujer enteramente coherente en este plano, pero siempre te va a dejar con una sensación que te modificará la estructura, tocándote emocionalmente tan profundo como para que des un paso más en tu evolución a encontrarte, a recordarte. Esa mujer puede sanar con su palabra, con su caminar, con su energía, con su sabiduría, con su pura presencia, con su sencilla existencia. Y eso no significa que su interferencia en tu andar sea necesariamente de forma agradable y bella, sino que como todo oráculo viviente dejará un gran impacto y/o aprendizaje en tu vida. Aunque no logres comprenderlo de primera instancia, tu alma se sentirá tocada. Ella ha aprendido a escuchar la vida y sana por donde camina, toca el alma de los seres que logran verla. Ella está siempre dentro de ti. Despierta.

 

Con amor,

Ofelia G. Bojórquez, #MujerMedicina, fundadora y terapeuta.

 

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